jueves, 20 de diciembre de 2012

De la naturaleza de lo doméstico y sus cosas

El 26 de diciembre del año pasado comenzaron formalmente las reformas de la casa. Me mandaron por un par de días fotos alarmantes de paredes que habían dejado de existir, habitaciones que ya no eran. Casi como un tango, digamos.Pasó todo un verano en el que seguimos discretamente la evolución. Pero el verano es largo y los ánimos se tensan en una ciudad como Buenos Aires con 40º a la sombra. Nos fuimos de viaje y volvimos.

Llegó febrero. Pasó la primera semana y el límite de entrega. Casi iba pasando la segunda. Llegaron las llaves pero en esa casa los zócalos levitaban (porque no los habían atornillado) y el segundo baño se volvió sólo un buen deseo: desistalación inmediata porque los good fellows que hicieron el trabajo consideraron que si salía agua por donde no debía, se arreglaba con un pegote de silicona y dejando que drenara hacia el piso de abajo.

Pasó un febrero agotador, en el que perdimos todo norte. Vivimos cargando paquetes que nos duplicaban en volumen y peso, con un cansancio crónico que nos doblegaba.  Llegó marzo y llovió mucho. Casi en sus finales nos dimos cuenta de que habíamos salido una tarde de sábado sin tener que ir a la pinturería ni volver con una caja de cerámicos a cuestas. Parecía un milagro.

Lo cierto que se fue abril y las Pascuas. Nos fuimos de viaje y volvimos y recién a fines de mayo nuestro segundo baño pudo ser realmente un baño.

Tardamos en acostumbramos. El nene al recibir la noticia de que funcionaba el segundo baño, nos preguntó con sorpresa "¿Sí? ¿Y en dónde?". A la mañana siguiente hubo que que pensar un segundo antes de comprobar que no debía esperar a que se desocupara el baño blanco, sino que podía recurrir al verde.

¡Qué superadas nos sentíamos entonces! De todas formas, la verdadera victoria sólo llegó a fines de agosto, al terminar de colgar el último cuadrito que cerraba una complicada composición en una de las paredes del hall. 

Fuimos a la reunión de padres del colegio de la nena y tuvimos un diálogo digno de la mejor de las fantasías. Luego de presentarnos a la profesora de Artes Visuales (mamá-pareja-de-la-mamá) para que nos dé una semblanza de cómo había trabajado la retoña. La profesora nos da un beso y dice que ella también es lesbiana y que la nena (que siempre está en avant garde del mundo) ya le había contado que vivía con nosotras. Contrastamos esa experiencia frente a una de las directoras del colegio del nene, quien, advirtiendo que estaba teniendo una entrevista con una pareja, se empacó en preguntarle a la mamá del nene qué la preocupaba, qué pensaba de lo sucedido.

Promediando el segundo semestre, nos casamos. No adoptamos un segundo gato por el momento. Pusimos una red millonaria en el balcón para que no se nos cayera la gatita que ya tenemos ni yo me infartara al verla haciendo equilibrio en la baranda. Hicimos muchas reuniones en casa. Juntamos amigos, comimos cosas riquísimas. Nos quedamos sin luz unas cuantas veces, pero seguimos  haciendo de anfitrionas a la luz de las velas. Volvimos a Easy, pero a comprar macetas y comprobar que habíamos vencido al enemigo. 

(...)

Parece que mañana se acaba el mundo o, al menos, el mundo conocido. Adelanto por eso un poco el consabido balance de fin de año. Just in case, digamos...

2 comentarios:

Magdalena Oliva Llera dijo...

Que loco es el ser humano, que da por sentado que el mundo es mundo y va a seguir siendolo... y se empeña en un baño a riesgo de que mañana se acabe todo. Les amo!

Fiamma dijo...

Magdalenaolivallera: y menos mal que nos dio por el baño y no por irnos al Uritorco. Fijáte còmo es que llegamos al 23-12 y sin novedades... pero con el baño verde instalado!
Le amamo' a usté también