sábado, 14 de julio de 2012

Tres doscientos y dos seiscientos respectivamente

Los dos son larguísimos.
B. es el más chiquito y todavía está más colorado.
F es el que nació primero.
B. come más espaciado porque se duerme.
F. pasa de mano en mano porque parece más sólido.
Las dos mamás estuvieron juntas en el momento de que le hicieran la cesárea a una de ellas.
Una puso el cuerpo y la otra acompañó a F. al nacer, lo bañó y lo sostuvo mientras le tomaban la impresión de las plantitas del pie.
Los visitamos al cumplir las primeras 24 horas de nacidos
Los cuatro están perfectos en flamante familia.
Los bebés durmieron toda la noche pero las mamás no porque no podían dejar de mirarlos.
Hoy los conocimos.
Hoy, además, se cumplen dos años de que se aprobara la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina.

lunes, 2 de julio de 2012

Iban oscuras, bajo la noche solitaria

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram / 
Iban oscuros a través de la sombra, bajo la noche solitaria
Virgilio, Eneida VI, 268

Adaptación, resignación no resultarían lo valores humanos más tentadores en el momento de hacer literatura. Menos si nos alejamos del realismo socialista. Pero Sara Waters ha recogido el guante y se encarga de iluminar una vez más la historia de la Londres bombardeada en Ronda Nocturna. Iluminar, decía a fuerza de metralla pero también con las linternas de las mujeres que deciden salir a recorrer la ciudad por la noche (y llegamos a Rembrand) porque ya se están muriendo de deseo y, en esa situación, qué importa si suena la sirena y las encuentra un bombardeo en plena calle. Cuando parece que ya nada importa, porque los años de guerra hicieron perder todas las ilusiones, surge el amor (o el deseo) y eso abre un paréntesis provisorio para la muerte, que es factible pero deberá esperar.


La novela está inteligentemente armada sobre la retrospección. Desde las consecuencias en 1947 las historias avanzan retrocediendo y explicando causalmente lo ya planteado. La segunda parte plantea la desazón de una guerra que parece eternizarse y normaliza el hecho de posponer la noción de peligro ante la comodidad (no abandonar las camas ante la inminencia del bombardeo de cada noche) pero jamás dejar la copia única del manuscrito valioso en casa al salir, adelantándose a la posibilidad de que un bombardeo lo destruya. La tercera parte se retrotrae a la sorpresa de 1941, donde ya la guerra ha tomado cuerpo pero continúa sorprendiendo.


Es un lugar común pensar en el deseo como salvación cuando todo está (o parece) perdido, pero Sarah Waters hace acopio de este material y ofrece, entre otras cosas una de las escenas más romáticas y delicadas que leí en los últimos años. Trascribo aquí las tribulaciones previas al encuentro decisivo:



"¿Qué había entre ellas? Habían tomado el té juntas aquel día, delante de la estación de Marylebone. después habían explorado aquella casa de Bryanston Square, prácticamente en silencio. Más tarde, se habían vuelto a ver y habían tomado una copa en un pub; y un día soleado, a la hora del almuerzo, habían ido a Regent's Park y se habían sentado a la orilla del lago...
Era todo lo que habían hecho y, sin embargo, a Helen le parecía que aquellos encuentros superficiales habían transformado ligeramente el mundo. Se sentía unida a Julia como por un hilo fino y tembloroso. Podría haber cerrado los ojos y, con la punta del dedo, tocar el punto exacto del pecho en que el hilo penetraba delicadamente en su corazón y lo tironeaba." (pág. 391)











Cuatro historias, no todas de impronta lesbiana en una novela que, lamentablemente, sólo nos ofrece 573 páginas en la edición de Anagrama.

miércoles, 20 de junio de 2012

Día de la bandera

Un beso a la hermana, otro a la prima.
Está la otra hermana con su marido y dos nenes. 
Estamos nosotras con otros dos nenes. 
Está la futura mamá gestante con dos nenes (pero todavía en la panza). 
Está su novia, la mía. Paulita y su respectiva señora. 
Cae un rato más tarde Moni, sin novia, esta vez, porque estaba lejos. 
Llegan sobrinos y amigos de la familia. 
Le cantamos el feliz cumpleaños a la homenajeada, que es la futura mamá gestante. 
Se impone el chiste fácil en el momento de ofrecer tortas varias. 
Hablamos de nuestras casas, de quienes se casan, de mudanzas, de nacimientos y vacaciones. 
El must de la noche se vuelve llegar a poner la mano en la panza justo en el momento en el que los mellizos se estiren, fascinados por el chocolate que acaba de comer la mamá. 
Elogiamos a Moni que me trajo un litro de precioso aceite de oliva. 
Prometo comida casera a cambio de la panzada de sushi a la que nos invitaron el fin de semana pasado. 
Me termino comiendo cada uno de los sándwichs de miga que los nenes (los nuestros) comenzaron a comer con un entusiasmo que desapareció en el momento en que notaron la berenjena o la anchoa. 
Nos reímos y sacamos muchas fotos. 
Imaginamos ya a los mellizos correteando y armamos futuros turnos de babysitting para que las madres puedan participar del fultbito de los jueves. 
Una muestra de lo que sería nuestra bandera.


martes, 19 de junio de 2012

Artículo 42 -hecha la ley, hecha la trampa-

Ya la ley está puesta en marcha, al igual que la trampa. Leo con indignación la nota del último Soy, en la que se cuentan las idas y vueltas a las que son sometidas las inscripciones de bebés con dos madres. Hacen levantar de la cama a la madre gestante después de una cesaria para demostrar que es realmente quien tuvo al bebé. Meten enmiendas denigrantes en las partidas de nacimiento alegando que una de las mujeres es la madre y al otra la "cónyuge de la madre". No se pueden anotar familias comaternales en el ANSES porque el sistema no acepta el ingreso de dos números de CUIL femeninos.

Está la ley, pero también está el poder dado a esta gente que se siente en capacidad (de hecho, lo está) de negar derechos adquiridos.

Cito textualmente la explicación acerca del artículo 42 de la Constitución Nacional que ofrece la nota: El artículo 42 determina que no puede haber distinciones entre las familias compuestas por progenitorxs de distinto o igual sexo”. No puede haber distinciones, pero de hecho las hay. Una libreta de matrimonio no resulta suficiente para poder inscribir un hijo en común sin guiños denigratorios. Cualquier tipo de discriminación es inadmisible, pero muy otra sería la respuesta social si se le hubiera negado la inscripción a cualquier inmigrante de un país limítrofe que llevara DNI de extranjero. Tal vez sea porque esa ya es una lucha antigua. Los empleados involucrados en esta barbaridad (discriminar por color de piel, por país de nacimiento) probablemente ni siquiera tengan conciencia de que podría peligrar su puesto de trabajo o bien que les puede caer un juicio por discriminación.

Dos de las mamás que dan testimonio comentan que las trataron "como leprosas" en un CGP (¿en cuál? ¿quién las atendió allí?) y las asesoras legales del Registro de la calle Uruguay tuvieron la desvergüenza de decirles que el la ley de Matrimonio Igualitario no servía para nada y que lo mejor era que la madre no gestante iniciara los trámites de adopción de su propia hija. Nuevamente: ¿dos empleadas públicas pueden desentenderse impunemente de los derechos que brinda la Constitución? ¿Es sólo cuestión de tiempo para que se ajusten los mecanismos o es lisa y llana impunidad?

Una cosa es plantarse en la ignorancia y hacer comentarios discriminatorios almorzando los fideos del domingo en casa ( Pero si están todos locos, eso de decir que se casan dos tipos o dos minas. Son unos enfermos, mirá). Tal vez más grave sea tener esas afirmaciones en mente y actuar como empleado del estado    sosteniendo esos criterios.

¿La única manera de asegurarse que los empleados de los CGP y los registros civiles hacen su trabajo como corresponde es ir con un escribano? ¿Por ser empleados públicos no hay nada que garantice que lleven adelante su trabajo como se debe? 

domingo, 10 de junio de 2012

Salón familias

Hace tiempo, cuando era chica, solía ver en ciertas confiterías  que aseguraban un ambiente familiiar el cartelito de "Salón Familias"(ya la palabra "confitería" amerita el estudio arqueológico, pero ese es otro tema). Nunca me detuve en pensar su significado ni en la ausencia de la preposición (¿"salón para familias"?, ¿"salón de familias"?). No creo tampoco nunca haber comido en el tan mentado salón ni haber visto por estos tiempos un cartel de ese estilo.
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Hoy hicimos un almuerzo casi a la hora de la merienda con otras cuatro amigas. Dos de ellas, que no viven en Buenos Aires, acababan de viajar para quedarse por una temporada a la espera del nacimiento de sus hijitos. Esperan mellizos.
Recreamos casi la misma conversación por la que tiempo atrás yo acusaba de insufribles a mis colegas durante el almuerzo, esa sucesión de pañales, pediatra, ropita, cómo cercar una pileta de natación, no dormir, la teta, cesárea, pis cada dos horas,  34 semanas... Para mí, que nunca había considerado que un embarazo a término constaba de 40 semanas, si bien todo es novedoso, ahora me incluye. Nunca he estado embarazada, ni está en nuestros planes que vaya a suceder, pero sí sentí que tenía algo para decir acerca de ejercer un rol materno. Es la enseñanza de estos tiempos.

"Vénganse, el nene puede jugar al fútbol en el campo y la nena puede ir a bailar con mi sobrina, la mayor". "Sí, les va a gustar ir a pescar". Conversaciones interrumpidas para poner la mano sobre la panza y sentir las patadas de los mellizos, encantados por la tarta de manzanas que había comido la mamá gestante. Privilegios de que las cosas vayan cambiando y poder formar parte de ese cambio.



martes, 5 de junio de 2012

Las familias más normales del mundo

Ahora ya es público para todas que no éramos las únicas lesbianas en el mundo. Nos dimos cuenta de que podíamos ser felices, de que eso de formar una familia no está vedado por nuestra elección sexual. Podemos tener una buena vida, criar niño...

Me conmovió mucho ver el testimonio de las familias que aparecen en ese video. Más me gustó todavía poder reconocer las caras de Farala o Hester Prynne, a quienes venía leyendo desde hacía tanto tiempo (¡Elenita está enorme!)

sábado, 2 de junio de 2012

Filiación o heroismos: el Edipo de Enescu

El héroe trágico no necesita biografía.Tan bien se las ingenió Sófocles en presentar un Edipo bien plantado y en las puertas de su peripecia (rey dignísimo que, ensoberbecido, no se percibe en el juego del cazador -cazado).  Pero justamente en esta historicidad se basa el Edipo de George Enescu, a cuyo estreno asistimos el martes en el Teatro Colón.

 En este puesta las metáforas se cristalizan o vuelven literales: de ahí que en el final del acto II  la Esfinge (haciendo y diciendo en registro impecable: Guadalupe Barrientos) sigue siendo un monstruo con alas, que aquí metaforizan con un avión nazi plantado en medio des escenario. Si es necesaria la purificación: caerá sobre Edipo un chorro de agua en medio des escenario. Si el pueblo tebano no puede deshacerse de la peste (o de su destino), todo, escena y personajes, se impregnan de barro. Mucho tiene que ver en esto la puesta la régie de la gente de la Fura dels Baus, aunque debo confesar que esperaba además de la monumentalidad, un mayor despliegue de medios. Tanto mayor sorpresa  había resultado esa versión más despojada y con tanto más efecto de Orfeo ed Euridice en el Solís de Montevideo en diciembre pasado.

Está presente la revisión histórica del pasado siglo: desde el nazismo (en el avión que da alas a la Esfinge), el comunismo (las tarjetas rojas del pueblo que ovaciona al rey Edipo) y el psicoanálisis (en la escena entre Mérope y Edipo, éste le cuenta su pesadilla incestuosa desde un lecho muy semejante al diván del consultorio vienés de Freud. Ella lo escucha sentada unos metros más atrás con una libreta en las manos). Pero, nuevamente, la biografía no abre camino ni a la compasión ni al temor. Y así no queda ningún posible para la tragedia. Aquí la idea de lo humano es central: el hombre puede y debe enfrentar a su destino. Frente a la  a la clásica pregunta de la Esfinge * aquí vuelve a aparecer lo humano, pero en relación con el destino: ¿qué fuerza es capaz de enfrentar al destino?: el hombre. Nuevamente, se subvierte el planteo del clásico.

(Desmantelanto a la Esfimge: "¡La ciudad está a salvo!") 


(Saludo final de Edipo: toda la compañía en escena)

Creo que La Fura presenta un visión elaborada y comprometida del Edipo de Enescu. La única duda que me queda es si era la versión que yo deseaba ver.

*"¿Cuál es el animal que por la mañana anda en cuatro patas; por la tarde, en dos y a la noche, en tres?"