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miércoles, 24 de abril de 2013

Matrimonio para todos

Desde el Bois de Boulogne hasta Danfert Rocherau desfilaban caravanas y caravanas de autos y colectivos repletos (hubo que dejar pasar unos cuantos hasta poder subir). Todas las bienpensantes familias tipo francesas habían sido convocadas por la Iglesia para manifestar en contra de lo que era el proyecto de ley que admitiría le mariage pour tous. 
Muchas madres-como-dios-manda empujaban cochecitos de bebés de los que colgaban carteles que decían: "Fait par maman et papa" ("Hecho por mamá y papá"). No escatimaron delicadezas al estilo de: "Il y a pas des ovules dans tes testicules" ("No hay óvulos en tus testículos"). O bien: "Normalité= Legalité" ("Normalidad= Legalidad").
Esto sucedió a mediados de enero de este año. Se prometía una contramarcha para fines de mes. Vimos un cartel anunciándola en un bar de osos, cerca del Pompidou. El lema resultaba mucho más tranquilizador: "Legalité =Egalité" ("Legalidad= Igualdad")
Pero la iglesia volvió a montar a sus seguidores "mami-papi" en sus micros e inundaron una vez más París. 
Y así las cosas.
En el día de ayer, Francia sancionó la ley: es ley el matrimonio igualitario.


Carteles defendiendo la ley, pegados frente al Hôtel de Ville
el día de la manifestación de los contras: "La normalidad (felizmente) no existe".
"Máscara del matrimonio sin sexo determinado"



miércoles, 1 de agosto de 2012

Consta en actas

La madre es la que los gestó por nueve meses y la madre es la que los esperó, los imaginó y les cantó por nueve meses mientras se estaban gestando.
La paternidad podía quedar hoy establecida por la voluntad de reconocimiento. La maternidad, también en el día de hoy. Una familia son dos madres y dos bebés con DNI. Una los gestó; la otra, no. Las dos quedan inscriptas como progenitoras más allá del estado civil de cada una.
Entrega de la  gente que ha puesto el cuerpo para poder ir abriendo camino.
Generosidad de vivir en los tiempos que corren.






(Como feliz contracara de lo escrito poco antes)

martes, 19 de junio de 2012

Artículo 42 -hecha la ley, hecha la trampa-

Ya la ley está puesta en marcha, al igual que la trampa. Leo con indignación la nota del último Soy, en la que se cuentan las idas y vueltas a las que son sometidas las inscripciones de bebés con dos madres. Hacen levantar de la cama a la madre gestante después de una cesaria para demostrar que es realmente quien tuvo al bebé. Meten enmiendas denigrantes en las partidas de nacimiento alegando que una de las mujeres es la madre y al otra la "cónyuge de la madre". No se pueden anotar familias comaternales en el ANSES porque el sistema no acepta el ingreso de dos números de CUIL femeninos.

Está la ley, pero también está el poder dado a esta gente que se siente en capacidad (de hecho, lo está) de negar derechos adquiridos.

Cito textualmente la explicación acerca del artículo 42 de la Constitución Nacional que ofrece la nota: El artículo 42 determina que no puede haber distinciones entre las familias compuestas por progenitorxs de distinto o igual sexo”. No puede haber distinciones, pero de hecho las hay. Una libreta de matrimonio no resulta suficiente para poder inscribir un hijo en común sin guiños denigratorios. Cualquier tipo de discriminación es inadmisible, pero muy otra sería la respuesta social si se le hubiera negado la inscripción a cualquier inmigrante de un país limítrofe que llevara DNI de extranjero. Tal vez sea porque esa ya es una lucha antigua. Los empleados involucrados en esta barbaridad (discriminar por color de piel, por país de nacimiento) probablemente ni siquiera tengan conciencia de que podría peligrar su puesto de trabajo o bien que les puede caer un juicio por discriminación.

Dos de las mamás que dan testimonio comentan que las trataron "como leprosas" en un CGP (¿en cuál? ¿quién las atendió allí?) y las asesoras legales del Registro de la calle Uruguay tuvieron la desvergüenza de decirles que el la ley de Matrimonio Igualitario no servía para nada y que lo mejor era que la madre no gestante iniciara los trámites de adopción de su propia hija. Nuevamente: ¿dos empleadas públicas pueden desentenderse impunemente de los derechos que brinda la Constitución? ¿Es sólo cuestión de tiempo para que se ajusten los mecanismos o es lisa y llana impunidad?

Una cosa es plantarse en la ignorancia y hacer comentarios discriminatorios almorzando los fideos del domingo en casa ( Pero si están todos locos, eso de decir que se casan dos tipos o dos minas. Son unos enfermos, mirá). Tal vez más grave sea tener esas afirmaciones en mente y actuar como empleado del estado    sosteniendo esos criterios.

¿La única manera de asegurarse que los empleados de los CGP y los registros civiles hacen su trabajo como corresponde es ir con un escribano? ¿Por ser empleados públicos no hay nada que garantice que lleven adelante su trabajo como se debe? 

lunes, 2 de abril de 2012

Reforma de código

El proyecto de reforma del Código Civil habla de "familia por afinidad" para designar a la antigua familia política.

(...)
En la tarde de ayer y como homenaje a la niña quinceañera, a las cinco de la tarde (y el dramatismo de Lorca se hizo carne ), comenzó a caer mi familia política a casa. Mi suegra, mi cuñado, dos tías que ya conocía y una tía nueva con su hija embarazada. Una prima ya conocida y su marido. Otra tía se excusó porque la habían invitado a ver Mamma mia en el teatro justo ese mismo día. No voy a decir que no me preocupaba un poco el número de gente que iba a estar masticando en nuestro living, ni el hecho de compartir por primera vez el rol de anfitriona. Ni qué hablar del detalle de ser la novia de la hija, sobrina, prima dilecta de la gente en cuestión...

El hecho de que sean gente buena que se ha alegrado de nuestra felicidad y nos ha apoyado en nuestros proyectos ayudó, pero los malones siempre me impresionaron. Además de que era la presentación formal de la nueva casa (y qué linda que les quedó, qué cómoda y ¿de verdad llegaron a comer de esos tomates?). Nos sacamos fotos, circularon anécdotas de todos los tiempos, soplamos las velitas.

Pasadas las nueve, llegaron estratégicamente las amigas. Paulita y la Pipi son de fierro. Trajeron regalitos y, con ellas seguimos comiendo y riéndonos hasta cualquier hora. La yapa fue quedarnos disfrutando del regalo que las chicas le trajeron a la nena:  el video del concierto de Adele en el Albert Hall.

Un festejo como cualquier otro, en esto que se va armando como nuestro ritmo, nuestro código, nuestro propio léxico familiar.