Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de marzo de 2013

La isla

En el año 2007 fui por primera vez a Perú. En el mismo año y por el  mismo viaje me compré mi primera cámara digital. No fui una pionera al respecto. Largué la Pentax con sus rollos de película para comprar la primera Canon con tarjeta SD. No sería la última. 

El viaje había comenzado en La Paz. Iría a Macchu Pichu y terminé subiendo a una avioneta-cáscara- de- nuez para sobrevolar las líneas de Nazca. No sé si fueron hechas por extraterrestres, pero sí deberían estar patrocinadas por Dramamine.En Arequipa conocí a un cavaller, a quien reencontraré en alguna cena en algún lugar del mundo.
Esta foto fue sacada en la Isla del Sol, el el Lago Titicaca. El barquito me había dejado en el punto norte de la isla y tenía que llegar en un par de horas a la amarra norte, donde vendría a buscarme nuevamente el mismo barco para regresar a Copacabana.
El camino era largo y, si bien, no hacía calor, el sol caía a plomo amenazando con secarme las molleras. Yo estaba contenta. Muy contenta.  Caminé por una hora y media por un camino delimitado por piedras. Llegué antes que el barco a la amarra y me encontré con un gatito pelirrojo que dormía entre las telas que vendía un artesano.
Hoy en día, cada vez que me pongo a correr, en mi mente en blanco aparece ese recorrido por la isla. A veces, es menos que un recuerdo y es sólo esa sensación de querer llegar. La más de las veces, es esa imagen tan presente...
Encontré esta tarde la foto por casualidad. Aqui está.








sábado, 19 de enero de 2013

Políticas extrañas de otras sociedades (II): ovarios y testículos

La misma sociedad que se saluda con buendía-buenastardes-buenasnoches cada vez que se ve y que desea buena jornada, buen fin de semana, buen año cada vez que se despide tiene otras conductas mucho menos civilizadas.
El domingo pasado toda la Francia católica apostólica etc se reunió en tres puntos neurálgicos para el ingreso a la ciudad de París y se dirigieron (bloqueando el tránsito de media ciudad) hasta los Champs de Mars. se dice que la iglesia financió cerca de 900 buses para que la buena gente pueda drenar su indignación frente al proyecto de "marriage pour tous", equivalente a la ley de matrimonio igualitario que sancionó la Argentina en el 2010.

Los lemas de la manifestación son, cuanto menos, falaces:

* No al proyecto de ley "Matrimonio y adopción para todos".
* No a la homofobia y a todas las formas de odio y discriminación.
* El "Matrimonio para todos" es el "Matrimonio homosexual impuesto a todos".
* El "Matrimonio para todos " es el fin de la genealogía para todos.
* El "Matrimonio para todos" conducirá inevitablemente a la "procreación científica para todos".
* El matrimonio civil H/M  (hombre/ mujer) y la filiación MPH (madre/ padre/ hijo) son la legalidad y la justicia para todos.
* El pueblo francés debe movilizarse por los niños y su futuro... y por nuestra humanidad constituida por las relaciones entre hombre y mujer.

Tales supuestas verdades, comenzando por el alegato contra la discriminación, se vieron refrendadas por carteles con argumentos inteligentes y sutiles de este estilo:

Cartel tirado al pie de la torre Eiffel: "No hay
óvulos en los testículos"


En el centro de la ciudad aparentemente no estaba pasando nada. No hubo contramarcha (esté siendo organizada para el 27 de enero *, con el lema mucho más razonable de ILLEGALITE) pero sí, para el ojo que estuviera dispuesto a mirar, aparecieron una serie de carteles que hablablan de la vergüenza para la República Francesa que postulaba libertad, igualdad y fraternidad, el respeto a la diferencia y la tolerancia.
El presidente Hollande sostuvo que la ley se discutirá en el parlamento y no en la calle. Esta buena gente dice haber llevado un millón de personas. La gente pensante sostiene que Francia no puede quedar al margen de la historia y negarse a la sanción de una ley que respalde a las parejas homosexuales y a las familias homoparentales.

Sobre la salida del metro frente a la municipalidad de París:
"La normalidad no existe (felizmente)"

* Hay manifestación de apoyo en Argentina, en Plaza Francia con convocatoria en Facebook: http://www.facebook.com/events/414408948639571/

Políticas extrañas de otras sociedades (I): en el 244

Si a Usted le parece, cierro. No, por favor, faltaría más. No me molesta en lo más mínimo. Bueno, como Usted desee. Si le parece, podríamos dejar apenas unos centímetros abierto así entra un poco de aire, pero no llega a pasar el frío. Además, todavía es primavera, el ambiente no se pone pesado por más que estén las ventanillas cerradas. No, no... Es verdad, este año ha sido benévolo. Poca nieve en invierno, seguramente no tendremos un calor agobiante. En fin, si no le resulta molesto, apenas dejaría entreabierta la ventana, al menos para que entre un poco del perfume del césped, de los árboles que ya vamos llegando al Bois de Boulogne.... Sí, me encanta pasar por acá cada mañana. Después ya arranca todo el día de trabajo y esas cosas. ¿Desde acá? El metro, después. Hasta La Défense. Dos estaciones. Poca cosa. Pero ya eso ya es estar en la ciudad.  Casi no entró frío, ¿verdad? No sé cómo se me ocurrió abrir la ventanilla sin pedirle antes permiso. Por lo menos, me dio motivo para hablarle. Espero volver a encontrarla. ¿Sólo los lunes y jueves? Sería tan lindo poder volver a verla. Si viaja a esta hora, seguramente vamos a volver a coincidir.

"No saque los brazos al exterior de coche. APERTURA Y CIERRE DE VENTANILLAS: Usted puede abrir y cerrar las ventanillas a voluntad. En caso de desacuerdo con otros pasajeros, tendrá prioridad aquel que desee cerrar la ventanilla"




domingo, 27 de mayo de 2012

Viajar cansa






Ya lo había dicho tan bien Pavese: lavorare stanca (trabajar cansa, en un castellano que queda mucho más pálido). Viajar cansa. No digo que sea desagradable, sino que nos deja agotadas desde los músculos hasta el alma.

Hace muy poco regresamos de Rusia: las noches blancas de San Petersburgo y la primavera de Moscú nos subieron el nivel de manía. Sol hasta las 11 de la noche, todo por ver, todo por fotografiar, agotamiento por leer en alfabeto cirílico, tensión por tratar de guarda en cada ojo lo que vemos. Cientos de tulipanes, todo el mejor art nouveau que prodría estar por Bruselas o Viena, canales que no envidian los de Amsterdam, kilómetros de mosaicos que cubren las catedrales (¡las catedrales! que son un tema aparte porque parecen más sacadas de la cabeza de un escenógrafo que parte de una ciudad).

Después de haber jugado de niña al Tetris, me quedé con la boca abierta al ver las cúpulas de San Basilio en Moscú. Y seguí con la boca abierta porque todavía quedaba mucho por ver. Fuimos desde el cuerpo embalsamado de Lenin hasta el Bolshoi, pasando por un Barbero de Sevilla increíble (ambientado bajo la nieve de un Moscú de los años 40), murallas, monasterios, muchos almuerzos al paso frente al Neva o el Moska, alguna siesta en la playa disfrutando del sol como lagartas. 

Llega un punto en que el cuerpo duele por pasar 14 horas diarias caminando. También se siente el cansancio por intentar recordar (para siempre) el exacto espectáculo de los puentes de cierto barrio donde vivió Dostoievski o el Kremlin a la caída del sol. Recuerdo haberme dado vuelta tantas veces en el ansia de guardarme un San Basilio en la resolana de las 10 de la noche. Es estar en el momento y, al mismo tiempo tratar de guardarlo en el futuro del siempre. Cada sobre de azúcar  que usamos displicentes, es que luego recordamos como el souvenir ideal de viaje. De la misma forma en que fuimos a ver ballet hechas unas crotas por no volver al hotel y cumplir con la imperiosa necesidad de tragarnos con los ojos la colección de siglo XIX del museo Pushkin. Ahora me lamento de no haberme comprado el catálogo, cosa impensable en ese momento, tan metida en esa realidad ficticia y rusa en la que me sentía como pez en el agua (en esa negligencia de vuelvo la semana que viene)

Volvimos desorientadas por el cambio de horarios  y con gorros de cosacos para los niños y un Cheburashka que se convirtió en la nueva mascota familiar